lunes, 21 de septiembre de 2015

·         ¿Cuáles podrían estar dando cuenta de esa mayor prevalencia en inmigrantes frente a adolescentes nacionales?
                         
La mayor  sintomatología depresiva detectada en adolescentes inmigrantes que en autóctonos se debe, probablemente, a la vivencia del desarraigo y a los problemas de inadaptación y exclusión. Los inmigrantes están expuestos al estrés del asimilacionismo y a situaciones de rechazo de tonalidad racista y xenófoba. Por ejemplo, la ausencia o lo endeble de los programas interculturales en los centros escolares deja a los alumnos inmigrantes en situación de vulnerabilidad a la segregación y a la hostilidad, con las consiguientes consecuencias psicopatológicas. Estos negativos efectos aumentan en los casos en que los adolescentes carecen del necesario soporte sociofamiliar y económico. Cuando los adolescentes disponen en su entorno extraescolar de suficientes recursos psicológicos y materiales es más fácil preservar la salud mental.
·         ¿Qué tipo de medidas podrían tomarse, en distintos niveles, para prevenir la aparición y el desarrollo de la depresión en adolescentes?
A nivel familiar hay que favorecer la construcción de un clima de respeto, comunicación, afecto y autoridad responsable, en el que se pueda forjar gradualmente una personalidad saludable. Con los oportunos matices y variaciones, cabe decir lo mismo para la escuela. Un ambiente de participación, disciplina, cordialidad, espíritu de trabajo y valoración de la singularidad facilita la paulatina maduración del alumno, el descubrimiento de su identidad y el equilibrado desarrollo de su personalidad. Por esta razón, son fundamentales los programas educativos interculturales e inclusivos. A nivel social, hay que demandar mayor inversión en política familiar y educativa, más responsabilidad mediática y un nítido compromiso con la promoción de la salud mental, en la que los psicólogos desempeñan un papel esencial.
·         ¿Qué medidas deben tomarse, una vez ha aparecido la depresión en el adolescente, con el objetivo de afrontar la enfermedad?

Es necesario realizar un buen diagnóstico, pues se trata de una enfermedad que en considerables ocasiones  pasa inadvertida, incluso para el propio adolescente. Problemas del sueño, síntomas somáticos (dolores, alteraciones digestivas, etc.), conductas violentas, consumo de alcohol u otras drogas, disminución del rendimiento, retraimiento, etc., pueden alertar de un cuadro depresivo. Tras la oportuna detección y derivación hacia los profesionales o instituciones de salud mental, con elección de tratamiento personalizado,  es fundamental contar, para la plena recuperación, con la implicación de la familia y los amigos del adolescente

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